Los retos que nos plantea ser estudiante en línea.
"¿Qué es la libertad como experiencia humana? ¿Es el deseo de libertad algo inherente a la naturaleza de los hombres? [...] ¿Es la libertad solamente ausencia de presión exterior o es también presencia de algo? Y, siendo así, ¿qué es ese algo? [...] ¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el hombre, al punto que trate de eludirla? ¿Cómo ocurre entonces que la libertad resulta para muchos una meta ansiada, mientras que para otros no es más que una amenaza? ¿No existirá tal vez, junto a un deseo innato de libertad, un anhelo "instintivo de sumisión"? Y si esto no existe, ¿cómo podemos explicar la atracción que sobre tantas personas ejerce actualmente el sometimiento al "líder"?" (Fromm, 2006: 30-31)
Tal vez el reto más grande que se nos plantea sea el de la
libertad. Es cierto que es algo que anhelamos, luchamos por ella, la defendemos
si es que la hemos conseguido por completo (si acaso esto es posible) o en
parte; sin embargo, a pesar de ello, cuando tenemos la posibilidad de
ejercerla, usualmente no sabemos qué hacer, o bien desconocemos o evadimos la
responsabilidad que la acompaña.
La libertad puede generar gozo al redimirnos de la opresión,
motivación ante la posibilidad de tomar nuestras propias decisiones para
aproximarnos hacia donde queremos llegar, la tranquilidad que surge de seguir
nuestro propio ritmo bajo nuestras propias reglas, pero también puede suscitar vértigo
ante la apertura, miedo ante la inmensidad de posibilidades, incertidumbre ante
lo desconocido, indecisión ante la gran cantidad de opciones que se muestran
frente a nosotros, entre muchas otras sensaciones. Quizá por ello, a pesar de
buscarla, hay quienes a menudo huyen de ella al rozarla si acaso un poco.
Aunado a lo anterior, no es sino hasta que hemos empezado a
practicarla que nos damos cuenta de que la libertad conlleva responsabilidad
hacia nosotros mismos y hacia los demás, puesto que sea cual sea el camino que
determinemos tomar, la opción que elijamos, la decisión que ejecutemos, tendrá
consecuencias que será preciso que asumamos. Quizá a esto se deba que, a pesar
de luchar por ella, hay quienes a menudo vuelven al sometimiento, puesto que
desde ahí es más fácil eludir las consecuencias de los propios actos.
No sólo en el ámbito educativo, sino en prácticamente todos los
que nos desarrollamos, hemos aprendido a dejar que otros sean quienes tracen
los caminos, nos muestren una lista – ya editada – de opciones a elegir e
incluso decidan por nosotros, puesto que así logramos contener el vértigo, el
miedo, la incertidumbre y la indecisión, además de evadir las consecuencias. No
obstante, lo vivido desde ahí suele generar una satisfacción muy efímera y
limitada.
Aprender a ser protagonistas y responsables tanto de nuestra
formación académica, como de nuestra propia vida requiere de coraje y
convicción, así como de disposición y valentía para asumir las consecuencias
que trae consigo el ejercicio de nuestra libertad y autonomía.
Al haber crecido bajo la dirección de otras personas, podría
dificultarse el asumir el compromiso de convertirnos en agentes activos de
nuestra propia vida, por tanto de nuestra formación; ser constructores, en
lugar de simples ejecutores; guiarnos nosotros mismos, en lugar de dejarnos
llevar por otros; establecer nuestras propias metas y construir nuestras
propias estrategias para alcanzarlas; identificar y potencializar nuestras
habilidades, oportunidades y recursos, tanto como identificar y trabajar en
nuestras limitaciones a partir del autonocomiento, la autocrítica, la
autoevaluación y la autorregulación; tomar las decisiones más acertadas y
creativas para resolver los problemas que se nos presenten a partir de la
reflexión; innovar, en lugar de sólo replicar; en suma, construir nuestra
autonomía tanto en decidir lo que queremos conseguir como en la manera en que
lo lograremos, siendo esto último un reto en sí mismo, puesto que en nuestra
cultura usualmente se piensa que la obtención de los propios objetivos implica
el avasallamiento de los otros, pasar por encima de ellos y competir contra ellos,
algo contradictorio, puesto que al ejercer nuestra libertad estamos coartando
la de los demás.
¿Es posible, entonces, conducirnos de manera autónoma sin que esto
implique oprimir a los otros? Desde mi punto de vista sí, siempre y cuando
seamos conscientes de que libertad, compromiso y responsabilidad son
inseparables, pero no sólo en relación con saber que mis actos repercuten en
los demás, sino sobre todo en cuanto a comprender que la libertad, si no
podemos practicarla todos, entonces nadie puede, puesto que en tanto exista un
atisbo de opresión en uno, quedará latente el deseo de dominar al resto. Por
tanto, el compromiso y la responsabilidad implican la construcción de
relaciones de colaboración, desde las cuales se impulse la autonomía de todos,
una mentalidad de red desde la que se sabe que lo que afecta a uno repercute en
los demás: una comunidad de seres libres, capaces de tomar sus propias
decisiones, así como de vislumbrar y asumir las consecuencias que éstas tendrán
sobre sí mismos y sobre los demás.
Las tencologías de información y comunicación que se han desarrollado
en las últimas décadas no sólo nos han permitido tener acceso a una mayor
cantidad de fuentes desde las cuales podemos aprender sobre muy diversos temas,
sino que también han sido una oportunidad para ampliar nuestro conocimiento de
otras personas, grupos, culturas, generando una conciencia más global que nos
deja ver el grado de impacto que tienen las acciones que llevamos a cabo desde
nuestra libertad, dejando claro que el compromiso y la responsabilidad que ésta
conlleva son también mayores, así como el reto de construir relaciones de
colaboración.
Desde mi punto de vista, los retos que se nos presentan en la
educación en línea, no son exclusivos ni de la educación ni de la modalidad
virtual, sino que abarcan nuestra vida entera en todos sus ámbitos como seres
humanos, no sólo como estudiantes. Incluso, me atrevería a decir que la manera
en que nos conducimos en nuestra vida diaria – en cuanto a cómo ejercemos
nuestra libertad, compromiso y responsabilidad – se verá reflejada en nuestros
actos y decisiones como estudiantes (sea una modalidad presencial o en línea),
y viceversa. Por tanto, las habilidades que desarrollemos para moldearnos a
nosotros mismos como estudiantes para asumir un papel activo en nuestro
aprendizaje, se verán reflejadas también en nuestra manera de conducirnos en
otros espacios de nuestra vida diaria, y viceversa. Así, el reto de asumir un
compromiso responsable con nuestra libertad como estudiantes, trasciende las
aulas virtuales y físicas.
Sobre la educación en específico, considero que muchas de las
características del papel activo como estudiantes, así como de las estrategias
pedagógicas que se mencionan en el documento “Ser estudiante en ambientes
virtuales de aprendizaje”, no son exclusivas de una modalidad en línea, pues si
bien es cierto que la educación presencial siempre tendrá la limitante de
contar con horarios rígidos para las clases, también hay que recordar que existen
diversos paradigmas educativos, entre los cuales se encuentra el
constructivismo, que se ha implementado en diversas instituciones educativas
presenciales.
Así, la interacción espontánea, libre, asistemática y horizontal
dentro de la comunidad de aprendizaje; la necesidad de resolver problemas
concretos; la recuperación y valoración de los saberes cotidianos y de la
comunidad; la presencia física o no de profesores y estudiantes en el mismo
espacio y en el mismo tiempo (salvo para las clases grupales); los medios
audiovisuales como portadores de conocimiento que complementan la acción del
profesor; la diversidad de soportes (textuales, multitextuales, hipertextuales
y multirreferenciales); el juicio crítico que se requiere de los sujetos que
aprenden para buscar, seleccionar, analizar, procesar y comunicar información;
el compromiso serio con nosotros y con los otros para aprender; la autonomía en
el proceso de construcción del conocimiento; el diálogo entre los que componen
las comunidades de aprendizaje; la visión de aprendizaje en colaboración; las
aportaciones personales reflexivas y argumentadas; la función del profesor como
facilitador más que de agente activo en el proceso de enseñanza-aprendizaje; el
desarrollo y evaluación de habilidades, actitudes y valores y no sólo de
conocmientos; así como la utilización de diversas técnicas didácticas que
incorporen tecnologías, no son características exclusivas de la educación en
línea, sino que corresponden también a prácticas educativas presenciales, por tanto,
en este sentido, presentan los mismos retos que un ambiente virtual, e incluso
van más allá del ámbito escolar, como ya lo expuse detalladamente al inicio de
este escrito.
De esta manera, considero que lo que sí corresponde un reto
específico del aprendizaje en línea, es lo relacionado con el desarrollo de
competencias que nos permitan convertinos en alfabetas digitales no sólo para
saber utilizar, sino aprovechar al máximo, las herramientas tecnológicas que se
nos brindan tanto en la plataforma, como en los distintos programas y
aplicaciones disponibles en la web, para realizar nuestras actividades
académicas de la mejor manera.
Además de lo anterior, precisamente porque la educación presencial
siempre tendrá la limitante de contar con horarios rígidos para las clases,
mientras que en la educación en línea somos nosotros quienes organizamos
nuestro tiempo y establecemos nuestros propios horarios para llevar a cabo
nuestras actividades de aprendizaje, se nos presenta el reto de aprender a
ejercer nuestra libertad en este sentido con responsabilidad y a partir de
nuestro compromiso como estudiantes, no sólo con la institución educativa (por
los recursos puestos a nuestro alcance), sino principalmente con nuestas metas
y con la sociedad a la que retribuiremos desde los conocimientos que
construyamos.
Fuentes
de información:
· Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Paidós, Buenos
Aires, 2006.
·
“Ser estudiante en ambientes virtuales de
aprendizaje”. Texto elaborado con fines didácticos para el Curso propedéutico
de la UnADM. Universidad abierta y a distancia de México, México, 2017.

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